La expresión que antecede a modo de título a esta entrada, sigue percibiéndose aún en nuestros días de forma muy cercana aunque procede de paradigmas de pensamiento ya caducos. Sin embargo, aún sigue escuchándose la expresión a modo de enseñanza magistral como clave para el éxito en la vida, por parte de sabios cuyo desconocimiento de la realidad tratan de perpetuar sus enseñanzas a toda costa, cuando lo que en realidad es una expresión que en la actualidad ha dejado de tener sentido como explicaré a continuación.

En un entorno totalmente cambiante y sumido profundamente en la constante incertidumbre, la búsqueda del equilibrio se constituye como herramienta esencial para poder inicialmente sobrevivir mediante la toma de conciencia del estado de todas y cada una de nuestras áreas vitales de interés y una vez equilibradas poder izar las velas, y viento en popa, dirigirnos hacia el lugar al que deseamos ir. Según los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan, las personas necesitamos cubrir tres necesidades psicológicas universales e innatas. La primera es la necesidad de controlar lo que hacemos para experimentar el dominio de nuestras habilidades. La segunda es la necesidad de ser los artífices de nuestra propia vida y por último tenemos la necesidad de conectarnos a otras personas para interactuar y aprender unas de las otras. Permanecer constantemente anclados en las obligaciones nos aleja del equilibrio y por tanto de la posibilidad de alcanzar estas necesidades.

Obligación (obligatĭo), es una palabra procedente del latín cargada totalmente de connotaciones negativas. El término obedece al concepto de imposición, exigencia o carga que en ocasiones pude ser o no ser retribuida. La obligación es propia de los paradigmas de control, en los que la autonomía brilla por su ausencia. En lugar de obligación, deberíamos hablar de compromiso. El compromiso es voluntario y procede directamente de la autonomía.

Hace ya mucho, mucho tiempo, cuando todo era previsible y controlado, tenía sentido fijar prioridades y secuencialidades. Primero esto y luego lo otro. Tal y como comentaba anteriormente, nuestro entorno actual nos obliga de forma incesante a determinar que ha de hacerse en cada momento. Lo primero siempre ha sido lo primero, la diferencia está en que antes las prioridades no cambiaban y ahora cambian muy a menudo. Hoy, las prioridades no se gestionan, las prioridades simplemente se tienen.

La frase en cuestión tenía sentido en los tiempos en los que una persona se enfocaba en labrarse un futuro que iba a ser constante hasta el final. Estudiar, prepararse, encontrar un trabajo y jubilarse en la misma empresa, era lo normal. Primero la obligación y luego la devoción nos decían nuestros abuelos, incluso nuestros padres. Nada más lejos de la realidad. Esto hoy ya no funciona.

Tu trabajo es descubrir cuál es tu trabajo y dedicarte a él de corazón. Buda

¿Cómo descubrir esto si estamos constantemente postergando dicho descubrimiento debido a nuestras obligaciones? Chico, sé bueno, estudia, obtén un título universitario, búscate un buen empleo, gana dinero, cásate, hipotécate .... primero las obligaciones y luego las devociones, es lo mismo que decir, primero la seguridad y luego la libertad. Esto ya no es posible porque la seguridad se ha esfumado. Sólo nos queda la libertad, y ¿es posible la felicidad sin la libertad? Como dice William Wallace en la fantástica película BraveHeart, "... podrán quitarnos la vida, pero jamás podrán quitarnos la libertad ...".

¿Pueden satisfacerse nuestras necesidades básicas jugando con las reglas de otro juego? Estoy firmemente convencido que no, así es que si quieres ganar la partida que te ha tocado jugar, olvídate de los tópicos procedentes de las cavernas y céntrate en jugar como un verdadero maestro libre que compite con un propósito. En cada momento, primero lo primero.

Como le he escuchado decir a José Miguel Bolívar en alguna ocasión, el reto pasa por aprender a gestionar nuestros compromisos de forma equilibrada, con perspectiva y con un propósito claro. Necesitamos experimentar la libertad y la autonomía, nuestras habilidades y compartir todo ello con los demás. Eso nos hace sentir bien, esto nos hace conectar con nuestra esencia. Las obligaciones nos apartan del camino, la gestión de los compromisos nos acercan a él.